domingo 8 de noviembre de 2009

Mujeres grandiosas


Somos pequeñas; nada valemos;
no realizamos gigantescos esfuerzos ni titánica labor;
pero cayendo una tras otra durante días, años y siglos,
llegaremos a romper la roca

("Gotas de agua" - C. C Vigil)




Un año más, he asistido a la Asamblea de Socias de El Parto es Nuestro.
Cada vez que me reúno con las mujeres de EPEN, salgo fortalecida y llena de energía. Como diría mi amiga Ángela, esto es casi un vicio: Verlas, abrazarlas, conocerlas, reconocerlas, escuchar sus voces, sentir la emoción de sus historias, de su lucha personal, conocer del grano de arena que cada una pone para hacer juntas la lucha de todas.

No hay espacios suficientes para agradecer a cada una de estas mujeres su amor y pasión por esta causa. Tal vez ahora no lo sabe nadie, pero estas mujeres están haciendo historia. Son parte de ella y la construyen día a día. El trabajo es inmenso y es pequeño, es multifacético e importante en todas sus escalas y ámbitos. Nadie hace poco.

Muchas de ellas han canalizado su dolor hacia la contención y el acompañamiento de otras mujeres. Otras han llegado hasta aquí antes de cualquier odisea maternal y pueden contar partos bonitos y nacimientos respetados. Cada día son más y eso nos hace fuertes y nos enseña a sonreír; a curar heridas con la paz ajena.

Son mujeres cuyo trabajo diario es invisible y a veces "disfrazado" y anónimo. Son aquellas que revisan documentos hasta altas horas de la madrugada, coordinan cursos para sanitarios, organizan jornadas y participan en ponencias. Las hay viajeras, que van saltando de ciudad en ciudad difundiendo la evidencia que les da razón, compartiendo los testimonios que nos unen, saliendo en revistas y publicando libros. Socias-hormiguita trabajando en lo que parece que no se ve y son las que mueven montañas: detrás de cada embarazada cercana, contestando si preguntan, callando cuando es prudente. Son mujeres que recortan papelitos, hacen listas, llenan datos, contestan e-mails, atienden el teléfono, buscan información científica como nadie, organizan bancos de fotos, hacen estadísticas, prestan sus libros, recopilan enlaces, hablan con la vecina, asisten a las conocidas y a quien no se conoce tanto...

Son las mujeres que alegran, que tienen la palabra justa, la llamada certera. La lágrima que acompaña, la mano que sostiene. Mujeres que hoy he abrazado, otras a las que no he visto pero que han estado allí en corazón y en espíritu. Madres generosas que ofrecen a esta causa lo más valioso que tienen: su tiempo y su energía.

Gracias una vez más por todo aquello que hacéis. Gracias por compartir vuestra ilusión; por vuestro esfuerzo. Tal vez no falte tanto... Un día todo este sueño será verdad. Un día, nuestros nietos alucinarán con las historias de sus abuelas, de mesitas en la puerta del Sol y asambleas con niños colgados a la teta...

Un día, dudarán de nosotras y pensarán que chocheamos: Pero abuela, si nunca se ha separado a los niños de sus madres... desvarías.
Y nosotras sonreiremos con sonrisa de viejitas y nos acordaremos de días como éste.

Os quiero.




lunes 2 de noviembre de 2009

halloween


Escribí esta entrada en dos partes, porque aunque empecé en la fecha que aparece, resulta que la fiesta terminó con novedades... (ver final)
y por eso termino de escribirla hoy.



¡¡¡¡Buuuuuuuuuuuuuuuuu!!!!
Sustos, arañas, tumbas y brujas. Todos nos hemos reunido en casa de los abuelos para festejar el cumpleaños de Piojen -dulces 16- y la "noche de brujas" o Halloween para los más guiris.
Nos hemos divertido muchísimo.

Hemos preparado todo con anticipación, recogiendo ideas, haciendo mini-presupuestos (casi no hemos gastado nada), confeccionando trajes y disfrazando la casa de castillo tenebroso.

Piojilla iba disfrazada de brujita feliz, Pioja de "la muerte-guapa", Papá Conejo de "el señor de las tinieblas", mi padre -el mejor disfraz- de Drácula anémico; mi cuñada Ale de "egipcia muerta", mi hermano de Jedi (repitió traje porque se lo cosió mi madre y está tan bien hecho que hay que ponérselo en todas las ocasiones), Luciano de "esqueleto gordito" y mi madre de una fantástica Cruela de Vil.
La cumpleañera se vistió de "Maga mala", con unas súper pestañas y uñas postizas.


También disfrazamos a la perrilla (un bichón maltés, hermano de mis hijas), de diablesa.
Además, mis padres invitaron a unos amigos que vinieron de Morticia Adams, Cleopatra valenciana y Jeque Petrolero, respectivamente. Sólo faltó mi hermana, que está de viaje y no pudo participar de la fiesta :-( más que por teléfono.

En fin... comimos, jugamos a carrera de desafíos (party & Co., por si lo queréis comprar) y terminamos en "tablas" porque el equipo juvenil nos estaba dando una paliza y no podíamos alcanzar sus méritos, ni siquiera haciendo trampa.

El concurso de disfraces fue muy reñido, pero finalmente ganó la piojilla, que hubiera sido la única que se hubiera enfadado si no le dábamos el premio: Una hermosa calabaza llena de chuches y caramelos.
(en la foto, se ven unas tumbitas de chocolate)

Terminamos a las 3 de la mañana muertos de risa y de sueño. Hasta ahí la fiesta.

Pero luego...Piojilla había estado resfriada desde días antes y cuando le abracé y le di unos besos de buenas noches, le sentí con la cara ardiendo... A las 6 de la mañana tenía 40 grados y para poderle bajar la fiebre - no hubo forma de bajársela con otras cosas- tuve que meterme con ella a la bañera. Tenía "la gripe". Sí, esa.

Hoy, 8 días después y luego de haber pasado esta semana en el encierro absoluto, está mucho mejor. De momento no ha caído nadie más o tal vez sí y no nos hemos dado cuenta jijijiji.


jueves 29 de octubre de 2009

Maltrato y Violencias

Hace unos días en el encuentro de octubre de Entre Mamás, tuvimos la oportunidad de contar con Pepa Horno, responsable de violencia contra la infancia de Save the Children.
Fue un debate intenso y participativo en el que los papás y mamás que allí se encontraban preguntaron, asintieron y en algún caso, rebatieron el discurso. No sólo hablamos de violencia y maltrato, sino también de apego, de relaciones con los abuelos, nuestras propias relaciones afectivas.

Resumo algunas de las conclusiones más importantes:
¿Por qué maltratamos? Esencialmente porque podemos. Maltratamos porque tenemos una relación en la que podemos ejercer algún tipo de poder y podemos aprovechar de ella. Maltratamos cuando queremos que una persona haga algo en nuestro beneficio y utilizamos el amor (el que nos tiene la víctima) como arma de sumisión. Podemos aprovechar del amor para lograr manipular a nuestra conveniencia; usar el chantaje emocional que es también otro tipo de violencia.

Cuando decimos a nuestros hijos: Pórtate bien y te daré una chuche... O, si no te portas bien no te la doy. Si me quieres, no harás eso. No me quieres, por eso lloras... Estamos siendo violentos, manipulando sus deseos, sus miedos, su amor por nosotros.
La violencia es global. Se utiliza las mismas formas de coacción en todas partes, sin importar las latitudes. Justificamos el maltrato porque nunca lo vemos desde el punto de vista del que lo sufre, sino desde el punto de vista del que lo ejerce. El cachete es el último recurso de quien se quedó sin argumentos; sirve de descarga personal, pero no enseña nada. No deja nada positivo y menoscaba la relación entre los padres y el hijo.

Que es importante para la madre/padre tener un espacio personal que le permita seguir creciendo y seguir desarrollando alguna actividad que le haga feliz, para no agobiarse con la crianza y terminar "superado": 24 horas de criar a un niño pueden ser muy cansadas. (Al respecto, apunto yo, también habla Jean Liedloff en el Concepto del Continuum). Y bueno, algo me gustó mucho -más viniendo de una experta en el tema como es ella- es que nos cuente que aunque todo esto lleva estudiándolo muchos años; dando talleres por todo el mundo y revisando teorías y datos... sólo cuando fue madre pudo trasladar lo aprendido a la vivencia diaria y todos los conocimientos cobraron una nueva dimensión. Que ser madre le había supuesto un paso adelante y la apertura hacia una visión diferente de la realidad.


Y desde aquí, mis propios comentarios sobre el tema:

Las palabras violencia, maltrato, no se refieren sólo al castigo físico. La humillación verbal es también dolorosa y con el agravante de que tarda más tiempo en curar. Deja cicatrices eternas, angustia, baja autoestima... decir a un niño "eres tonto", puede que no parezca tan grave como verdaderamente es: debería compararse al hacer un agujero en la pared, que aunque se rellene o se arregle, jamás queda igual: las marcas quedan.
E. Punset decía hace unos días en su blog que Hacen falta cinco cumplidos para resarcir un insulto algo que está científicamente comprobado, por lo visto. Si tratamos con esmero las relaciones de pareja, si se hacen terapias para buscar soluciones a los problemas de comunicación entre un hombre y una mujer... porqué con los hijos es diferente? ¿por qué siempre tenemos la razón?
¿Por qué si vemos en la calle un hombre/mujer, pegando a su pareja, somos capaces de llamar a la policía o entregar nuestro pecho (salen luego los héroes en la tele) para evitar el maltrato y luego no somos capaces de reaccionar si vemos un padre/madre pegando a su hijo? Por qué está socialmente aceptado el "cachete pedagógico" (qué horror de nombre) aunque la ley lo prohiba?

Pero voy aún más allá: ¿no son los castigos una forma de maltrato? ¿No es una forma de ejercer un poder vertical? ¿De aprovechar nuestra "autoridad" sobre el hijo? No es la autoridad moral - esa coherencia entre el hacer, el decir y el ser, como me enseñaban los curas en el cole - más importante que el autoritarismo ligado al miedo y no al respeto?
Esos límites que tanto nos aconsejan a las madres que "debemos imponer" y de los que se habla tanto, no serían mejor entendidos desde el buen ejemplo que ofrezcamos? desde la confianza mutua y no desde la imposición sin sentido?
¿Que deseamos verdaderamente para nuestros hijos? ¿Que obedezcan porque "lo digo yo" o que vayan creando conciencia desde pequeños entre lo bueno y lo malo?
El debate podría ser infinito... y personalmente, me queda un largo camino que recorrer, muchísimo para seguir aprendiendo... Con Piojilla, lo tengo clarísimo. Pero con Pioja, me cuesta. Me ocurre que la veo tan mayor que sobreestimo su capacidad de razonar y a veces, muchas más de las que quisiera, se me olvidan mis 14 años...

Os copio este link (recogido por Adivina cuánto te quiero) desde el que se pueden seguir extrayendo bases de análisis y comentarios sobre castigos y castiguitos: otra forma de violencia, lo querramos ver o no. Aletha Soler nos habla del "tiempo fuera"... un inocente castigo que se usa con mucha frecuencia en las escuelas:
foto: Anuncio de la Juvenile Protective Association en una campaña para generar conciencia sobre las profundas heridas psicológicas que deja el abuso verbal. (Fuente: Delyrarte.) (del blog de E. Punset)

martes 20 de octubre de 2009

cumple con mariachis

Habíamos estado planeando la fiesta por lo menos unas dos semanas. Queríamos algo especial y emocionante. Que no esperase nada y se sorprenda de verdad...
Así que este año hemos festejado el cumpleaños de mi papá con una fiesta con mariachis incluidos. Queríamos que tenga cerca a la gente que aprecia y por eso llamamos a una pareja de amigos suyos que llegaron desde Sevilla exclusivamente para la fiesta.

Hemos aparecido en su casa por sorpresa, con los charros por delante y toda la comitiva festejadora detrás, animando, dando vivas y abrazando al cumpleañero.
Decidimos festejar una noche antes para que sea realmente una sorpresa. Meditamos cada paso para que no nos "pille", cronometrando cada entrada y cada salida de su casa y fingiendo estar todos muy ocupados cada uno con sus cosas. Pero no...
Tocamos el timbre. Mi hermano tenía la cámara lista y al grito de Venga Marichiiiiiiiiiiiiis!!! (yo misma, a voz en cuello) comenzaron a tocar las mañanitas ante el ojiplático de mi papá, que abría la puerta. Mi mamá estaba súper contenta y se había cuidado mucho de no dar ninguna pista, pero al mismo tiempo había preparado en la clandestinidad una variedad de tapas y salsas que fuimos sacando de su escondrijo.

Bailamos, reímos, cantamos... hasta pasada la media noche, que sopló las velas de sus tres "ensaimadas cumpleañeras" (regalo de una gran amiga mallorquina que no pudo llegar a Madrid). Mi papá se emocionó muchísimo y aguantó las lágrimas todo lo que pudo (algunas se le escaparon, qué gustito llorar por estas cosas) y a nosotros también de verle tan feliz.
Pusimos la guinda del pastel al día siguiente, con unas "salteñas" que mi cuñada y mi madre hicieron para el almuerzo del domingo, recordando así también nuestra querida y lejana Sucre. Un cumple feliz.

Papito querido, espero que haya sido un día hermoso y que recuerdes siempre con cariño este día. Te quiero.

domingo 11 de octubre de 2009

Llantinas

Hace un año mi madre intentaba consolarme cada vez que la Piojilla tenía una rabieta y yo un casi-colapso nervioso. Me decía que los niños son así, que es una fase, una etapa hacia su propia identidad. Siempre lo entendí así y, a pesar de que los ejercicios de paciencia nunca han sido bastantes, estaba "preparada" para la etapa rabietil.

Pero mi madre también me dijo algo que sólo ahora tomo en cuenta: Cuando se le pase la edad de las rabietas, llegará la edad "de las llantinas". Esta es una etapa que no todos los niños pasan; o que algunos viven como una mezcla de "rabietas + llanto" y muy pocos, como si no pasara nada. Suele coincidir con la entrada en el cole, la llegada de un hermano, el cambio de casa... es decir, con pequeñas crisis de existencia.

Cuando nació mi sobrinito, hace dos meses, Piojilla no le hizo mucho caso, intentó ignorarlo. Pero como el bebé vino para quedarse, se sintió celosa - aunque disimulaba bien los primeros días - y comenzó a llorar ante cualquier tipo de frustración, real o imaginaria. Yo pensaba que era cuestión de días, o semanas.... pero después de dos meses de haber nacido el pequeñín, creo que puedo afirmar que hemos entrado con los dos pies y de forma rotunda a la etapa de "las llantinas".

La diferencia entre rabietas y llanto es casi imperceptible, aunque las mamás que tengan un hijito que haya pasado ambas "etapas" creo que entenderán perfectamente cuál es. La rabieta es fuerza y vigor. Puede durar mucho tiempo (aunque dure 2 minutos, siempre parece más larga) y cuando pasa, da la impresión de que el niño se ha descargado y vuelve a estar contento. El llanto es un sonido eterno, no siempre acompañado de lágrimas. Parece que "hablan" llorando y que lloran por todo, enlazando causas y sin dejar apenas tiempo entre un llanto y otro:

Quiero agua; en ese vaso no, en el mío; agua fría; no está fría, está caliente. Del grifo no; no me gusta: de la jarra, de esa jarra nooooo. Hazme un dibujo, así no, más pequeño, más grande, más bonito, más arriba, yo queriba un perrito pequeño, no, más pequeño..... así hasta el infinito, en el mismo tono lastimero.

La diferencia está en que el llanto constante es también mucho más agotador que la rabieta. Y que muchas veces es un reflejo de nuestro estado de ánimo, de nuestra situación en casa, de los cambios que hay y de cómo reaccionamos ante esas lágrimas. A la piojilla le ha sentado fatal dejar de ser "la pequeña" de la familia... me pide que no coja al bebé, que no le hable, que le coja a ella. De repente se ha vuelto bebé también y cuando le pregunto qué quiere, qué necesita, me dice muy claramente: "quiero mamá" en un lenguaje y tono de bebé chiquitina.
Esta situación se repite cada vez que hay otro niño más pequeño que ella, pero siempre y cuando YO ESTÉ PRESENTE (o papá, con menos frecuencia). Si Piojilla está en el cole, con otros adultos, pues está más fresca que un limón y es la niña más tranquila del mundo. No sólo no llora, no gimotea, sino que se comporta como toda una niña-mayor (¿existe eso?), habla con absoluta propiedad y dice hasta "por favor y gracias". Alucino.

Creo que con toda esta explicación queda más que claro -me sirve para mi propio análisis también- que la necesidad de la Pioji soy yo y que tiene pocas ganas de dejar de ser "mi bebé", aunque la talla de los vaqueros y su andar de niña, griten lo contrario. Que tengo que armarme de (más) paciencia y abrazar más, acompañar más, jugar más... Más, Más, Más.

Suspiro....

He retomado "llantos y rabietas" por lo menos para sentirme acompañada en esta historia y también estoy buscando más información sobre el llanto, los celos y los 3/4 años. Desde luego también he vuelto a contar hasta 10, hasta 20... y hasta cien. Me supera, claro que sí!! pero cada vez que estoy a punto de perder la calma recuerdo aquella frase que tantas veces me ha ayudado: Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite.* Aplicable a todo y siempre, a que sí?


(* Atribuida a R. Stevenson, autor de la gran obra, El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde que tanto me gusta y que es un gran manual sobre la conducta humana)

La viñeta, de google...

sábado 3 de octubre de 2009

Fiesta de nacimiento

Para quienes estilan hacer un bautizo la "primera fiesta" del bebé y familia suele ser esa. Para quienes no lo hacemos, es un poco difícil ponerle nombre a la reunión de "presentación en sociedad" del pequeñín que ha nacido. Así que me referiré a este día como "La fiesta de nacimiento".

Realmente, de lo que se trata, es de una pequeña excusa para contar al mundo lo felices que estamos todos con la llegada del piojín; lo orgullosos que están los papás, lo ilusion
ados que están los abuelos. Que peleamos todos un poco por tenerlo en brazos, por arrullarlo, por oler su olorcito a bebé y darle doscientos besitos.

Os lo cuento: Este fin de semana mi hermano y mi cuñada han festejado la llegada al mundo de más pequeño de la familia. Para esta ocasión, además de ponerse guapísimos, se han esmerado en hacer todo tipo de tapas, tartaletas y comiditas en miniatura... cientos y cientos de ellas (todo hecho en casa.... tan rico!) y una sabrosa tarta de chocolate como postre.

Como invitados han estado las matronas: Juanjo y María. También Marce, compañera de Juanjo. Algunas amigas del mundo del parto, otras del mundo canguro, otras del mundo mamá: éramos el lado "hipi-guay". En la sección "solteros y otros amigos", otros tantos chicos acapararon la mesa de las comidas y nadie les movió de allí en toda la noche. Muy buen sitio, desde luego.
También estaba la sección "doctores y ramas anexas" en las que se ubicaron mis padres, los médicos jefes de mi cuñada y otras tantas personas del mundo sanitario. Podrían parecer los más serios, pero eran los que más bromas hacían. Éramos un grupo diverso y divertido y sólo hubo silencio cuando los papás festejadores anunciaron a todos que iban a discursear:

Con toda emoción, dieron las gracias por la presencia y nos explicaron que su ilusión era poder reunir a toda la gente importante en sus vidas para poder presentar al bebé y contarle algún día cómo fue la fiesta de su nacimiento. Para mi es una felicidad ser parte de ese grupo selecto.

Festejamos hasta altas horas de la noche. Los niños -hijos de todos- corrían como locos de un lado a otro y finalmente abrimos los regalos, como si fuera navidad. Fue una hermosa fiesta y cuando sea mayor se la contaremos y le enseñaremos las fotos del día en el que le dijimos: ¡¡Bienvenido al mundo!!

En la foto: Luciano, bello durmiente.

martes 29 de septiembre de 2009

Cinco puntitos, nada más

Pepita ha sido mamá. El pequeñín ya casi tiene un año y las dificultades de aquellos primeros meses de crianza, parecen haber quedado atrás. Todo el mundo pregunta qué tal y ella contesta que bien. La vida debería sonreír cuando su hijito sonríe, pero no es así. Pepita ha sido mamá pero no ha dejado nunca de ser mujer y hay una sombra que empaña su alegría.

Pepita tiene un secreto. No le había dicho a nadie que durante mucho tiempo le ardía “ahí” y que poco a poco se fue resignando a sentir la piel tirante. Por lo menos es mucho mejor que desgarrarse, le habían dicho. Y no había escuchado quejarse nunca a sus amigas. Será lo normal, pensaba.

Pepita no ha podido olvidar “ese cortecito de nada”, esos “5 puntos nada más”. Le duele; le tira; le arde. El otro día, se animó a tocar el dolor y le sorprendió su textura rugosa, que antes ella recordaba lisa. Y es que hace poco fue a una revisión y preguntó qué le pasaba. “Eres de las que no cicatrizan bien”, le dijeron. Ya no volvió a preguntar nada.

Pepita ve la tele y sale un anuncio de compresas para la incontinencia. Antes no le hubiera prestado atención. Ahora interrumpe su merienda y para las orejas. Las chicas que las recomiendan deben tener su misma edad, así que será lo normal usarlas, piensa.
Cuando Pepito, su marido, llega a casa, Pepita empieza a pensar de qué forma podrá escabullirse esta noche. Y es que hacer el amor ya no es como antes. No es sólo el dolor lo que incomoda, sino el miedo. Pepita ha perdido una parte importante de su ser con ese corte: su autoestima… ya no se reconoce. Sufre.

……

A veces las lágrimas de las mamás que llegan a mi casa, no son fruto de esa lactancia que no funciona, de esa maternidad borrascosa que no se parece en nada a la de las revistas. A veces – demasiadas veces- las lágrimas esconden un mal parto. Esconden la pena de no haber logrado el día soñado… de haberse sentido “cosas” en el paritorio. Nadie pregunta, nadie nos ve. Y después de toda una cadena de “técnicas interminables”, Cortan.

Recuerdo mi propia episiotomía como un periodo de invalidez. No de 40 días… sino de meses y meses. Dolía amar, molestaba al caminar, al sentarme, al ir al baño. Y me preguntaba constantemente, hasta cuando. Y puedo comparar, porque también tuve un desgarro en otro parto. Pero tengo que ser sincera: Me acuerdo menos de él, porque no me dolía tanto y porque curó enseguida. Volví a ser la misma.

Me pregunto por qué callamos. Por qué ocultamos nuestra pena y nuestro dolor. Por qué nos cortan por rutina y porqué somos incapaces de reclamar ante la mutilación. Por qué nos cuesta, después de haberla sufrido, reencontrarnos con nuestro periné, reconocernos y volvernos a querer. Y desde aquí grito: para que no permitamos el cortecito por sistema, para salir del armario y enfrentar nuestro miedo y nuestra tristeza, para acompañarnos mutuamente y que se nos oiga.


¿Quiere Ud, cortar, señor? Le doy ideas…
Viñeta: La rata gris.

jueves 17 de septiembre de 2009

Un nuevo miembro en la familia

A Papá Conejo y a mí, siempre nos ha parecido buena idea conocer a gente de otras culturas y otras lenguas. Nosotros mismos tenemos acentos diferentes y educamos a nuestras hijas en una mezcla cultural que pensamos que es enriquecedora. Por eso, hace tiempo decidimos inscribirnos a un programa de intercambio, con la idea de que en algún momento nuestra Pioja mayor - y mucho después, la pequeñita - pueda pasar unos meses en otro país, con otra familia, aprendiendo idiomas y conociendo la vida de otros sitios. Desde luego, esto implica que nosotros también recibamos a una niña extranjera y que viva en nuestra casa como una hija más.

Y ya está aquí. Acaba de llegar de Alemania nuestra "hija de intercambio" a la que en el blog llamaré Piojen (para que suene un poco "germano"...) Es una niña de 15 años, que toca el violonchelo y habla con soltura otros 3 idiomas, además del alemán. Estoy muy contenta porque tiene gustos muy parecidos a los de mi Pioja mayor y han congeniado muy bien. Han decidido hablar sólo en inglés, para practicarlo. El resto del tiempo Piojen habla en español, bastante bien, he de decir.

Durante este tiempo seremos su familia y ella nuestra hija y hermana. La Piojilla lo ha asumido con muchísima naturalidad y ya le dice "hermana". Le habla en un idioma inentendible, cosas como: eshemushen alkita mauni? y según ella es inglés.

Sí, es otra adolescente.... pero no me da miedo, sino tranquilidad. Creo que será más fácil tener a dos adolescentes juntas, que pueden hacer piña y apoyarse mutuamente, que cuando sólo tengo a la Pioja mayor y no logro empatizar con ella todo lo que quisiera. Estoy segura de que también pelearán - serán hermanas en toda regla- pero espero que sean pocas y que se reconcilien rápidamente. Me servirá también como "entrenamiento" para cuando la mía tenga un año más y adquiera los privilegios que ahora no le tocan y para entender mejor la etapa más difícil de la crianza humana.

Todos tenemos mucha ilusión y espero que Piojen se sienta a gusto en nuestra familia y sea feliz. Que esta sea una gran experiencia para todos y las dos "teen" se hagan amigas para siempre. Y, por supuesto, nuestro deseo es que sus verdaderos papás estén seguros de que será cuidada y querida en nuestro hogar.


:-)

jueves 10 de septiembre de 2009

La vuelta al cole

Acabo de dejar a la pequeña piojilla en el cole. Su primer día de clases y la primera en volver al "mundo real". Miento; el pobre Papá Conejo fue el primero en volver al trabajo, pero de momento no se ha quejado. Sólo una noche antes mencionó que le daba pereza.

La Pioji ha ido un poco zombie. Normal... durante las vacaciones nos hemos olvidado de las horas, comiendo cuando podíamos, durmiendo tardísimo, paseando cuando los demás vuelven a casa... viviendo en el mundo al revés en el dulce caos del que no tiene nada que hacer.

Esta semana - y tal vez la anterior también - ha estado muy ñoñita y mimosa. Llorando sin lágrimas y volviendo a ser bebé. Por un lado, con celos de su primo recién nacido y por otro, celos de su hermana que en este último mes ha requerido también toda nuestra atención.

Pero anoche, antes de dormir, era la misma niña risueña de siempre y tuvimos un buen rato de paz. ¡¡Qué bien!! En la víspera del primer día nos hemos relajado todos.

Y ahora acabo de entrar a casa y hay demasiado silencio. La mayor duerme todavía (ella comienza el 16); sólo se oye mi teclado y un poco del ruido de la calle. Definitivamente los hijos dan vida a la casa. Estamos en septiembre... y es raro que sea ahora cuando comienza el año.

Se hace duro, no sólo por la vuelta a la rutina, sino también porque "la cuesta de la vuelta a clases", cada año es más empinada. Hay que comprar de todo; lo que más me duele -y me indigna, vaya negociado editorial- son los libros: los del año pasado no le valen a nadie. Mi Pioja mayor los deja prácticamente nuevos, pero como están con los ejercicios resueltos, las actividades hechas y las páginas de arrancar, arrancadas... pues ya no se pueden volver a usar. ¿Qué hago con ellos? La pequeña usa otros materiales, todo reciclable y hecho por ellos mismos; comparten colores, crayones y demás. Hay menos problema.
(foto del blog de Anny)

Con ropitas y uniformes sufro menos. No es que sea una rácana, pero me gusta pillar ofertas, ver mercadillos, outlets, reciclar cosas. La piojilla va siempre cómoda y gasto muy poco en sus cosas. Con la mayor tampoco tengo mayor gasto. El uniforme se compra en su cole y lo venden 2 veces más barato que en los grandes almacenes. Lo demás lo compramos según la necesidad durante el año. La Pioja no suele tener gustos ultra caros. En lo que más gasto para ambas -sin escatimar, además- es en zapatos.

Y bueno...vuelvo al primer día de la chiquitina: Se ha quedado tranquila y contenta; reconociendo a los amiguitos del año anterior y mirando los juguetes que hay en su nueva clase. He visto algún niño nuevo. Noto que alguno ya no está (la famosa crisis y sus tentáculos).

Con todo el cariño del mundo le ha recibido Isabel, su nueva profe y a quien ya conocía de los momentos de recreo, dándole la bienvenida con un montón de besos. ¡Cómo has crecido! le ha dicho.

Hoy la recojo temprano por ser el primer día. Desde el lunes vuelve al horario completo porque yo también vuelvo a trabajar... ayyyy con lo que me apetece quedarme en casita...

Tengo un poco de frío; eso me recuerda que el otoño está a la vuelta de la esquina. Se acaban las vacaciones y todo vuelve al ritmo normal.
.
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miércoles 2 de septiembre de 2009

Volvemos de las vacaciones

¡Acabamos de volver! Todavía me quedan cien lavadoras para poner en marcha y limpiar de cabo a rabo nuestra casita porque da la impresión de que nos hemos ido hace cinco años. Pero nadie nos quita lo bailado. Este año hemos estado en Mallorca, lejos del ruido, en una calita protegida, visitando todos los pueblos que hemos podido, probando playa tras playa (me quedo con Es trenc y Porto Cristo), haciendo barbacoas, jugando ajedrez, construyendo castillos en la arena, escapando de bichos perseguidores, durmiendo tarde...


Tengo que decir que aunque nos ha servido para desconectar, también ha sido agotador. Viajar con dos niñas de edades tan dispares me ha vuelto un poco loca. Ha sido casi como viajar con trillizos. Mi adolescente, en lo suyo... (ayyy qué dificil! tan pronto es Dulcinea, como que en cinco minutos se transforma en Ms. Hide) y la piojilla, dueña ya de su propia voluntad, sólo quería ir a la playa y regar las plantas del jardín. La primera noche, bien. Pero la segunda nos dijo muy seria que se quería volver a Madrid "ahora mismo"... nos costó mucho hacerle entender que no era posible. Lágrimas a raudal.

Fuera de las pequeñas trifulcas de poder (una sola TV puede ser causa de guerra mundial) y rabietillas alternas de una y otra, la hemos pasado genial.

Para Papá Conejo y para mí, han sido días de hablar mucho (discutir otro tanto), empaquetar y desempaquetar cada día toallas, bañadores, "mata soles" (como le dice la piojilla al protector solar), comida, hormigas, arena y conchas marinas de todo tamaño. Me he hecho experta leyendo mapas y sacando fotos "al vuelo". Entre otras visitas, estuvimos en Soller, Valdemossa, Campos, Ses Salines, Cala Pi, Palma, El Arenal... y pasamos por otros muchos pueblitos aledaños y playas. Teníamos unas ganas locas de llegar a Alcudia, pero no pudo ser.

Mi mejor recuerdo: En Manacor "robamos" unos cuantos higos a una higuera del camino; sabían a gloria. En Cala Pi y Ses Salines, vimos todos los atardeceres posibles y contamos estrellas. Pasamos los días entre no hacer nada y haciéndolo todo. Dando largos paseos y también cortitos, hablando como loros y también disfrutando del silencio.

El último día, ya haciendo las maletas para volver, la Piojilla - la misma que el segundo día aseguraba querer irse, pero ya!-preguntaba que por qué en vez de irnos, no nos quedábamos a vivir allí, que esa podría ser nuestra casa... y no se creyó que volvíamos a Madrid, hasta que salimos del metro y se encontró en nuestras callecitas de siempre. Habíamos llegado. Ya estábamos en casa.

jueves 20 de agosto de 2009

catorce

Parece ayer, pero han pasado ya 14 años desde aquel parto maravilloso. Muchas veces sueño con ello y no puedo creer que el tiempo no pueda detenerse, aunque sea un instante.
Se escurre mi chiquita.
Se hace mujer, irremediablemente.
Para ella, este pedacito de alma.




Catorce
Un número suena y suena
Como danza en mi cabeza
Catorce vuelve y retumba
Catorce vuelve y espera.

Son las siete de un domingo
Las contracciones apremian
Cierro los ojos y vuelvo
a ser la niña que era.

Me atraviesas dulcemente
Va asomando tu cabeza
Naces y naciendo, nazco.
Ven a mis brazos, pequeña

Te siento mía y te abrazo
Un lazo que rompe esquemas
Naces y naciendo, nazco.
Somos dos niñas eternas

Y entonces se acaba el sueño
Abro los ojos, me besas
Bella mujer, niña tierna
Es mi dulzura: Valeria

Catorce vuelve y retumba
Catorce desde que llegas
Son tus años, vida mía
Aunque yo no lo comprenda

Y tu risa cantarina
Como el canto de sirenas
Duele en mi pecho y recuerda
Que te alejas de mi vera

viernes 14 de agosto de 2009

días oscuros - Vuelvo

Empiezo las vacaciones, pero los días han sido oscuros y tristes.
Pido disculpas a quienes me siguen...
No he tenido la sufiente paz en el corazón para actualizar el blog, lo siento.
Pero es que ahora mismo sólo me sale tristeza e impotencia.
Por eso hoy sólo dejo esta Canción de Cuna de Los Piojos. La letra es preciosa.
Y aquí lo dejo :-( Escribiré otra vez cuando el sol brille de nuevo.


Edito: Todo pasa... lamento no poder contar esta pena en el blog, pero se trata de algo íntimo que no nos ha pasado a nosotros -los Conejo Piojo- directamente. Todo va mejor, aunque las huellas queden para siempre en los corazones. Muchas gracias por los ánimos, los correos recibidos, las llamadas y el cariño que me habéis entregado. Necesitaba un abrazo y me habéis dado muchos. Gracias de corazón.


Os dejo esta reflexión para que veáis que no siempre las cosas son lo que parecen y que a veces, aquello que parece un mal, se convierte en bien para otros.
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Soy de las que cree que las cosas siempre pasan por alguna razón. A veces no puede verse en el momento, pero con el tiempo, cuando todo está en su sitio, se ve todo desde otra perspectiva y creces.
Recuerdo que todos estos temas de maternidad y crianza me llamaron la atención desde pequeña. Cuando nació la Piojilla, pensaba que tenía ya hecho el camino y que con la experiencia previa todo sería fácil.


La Piojilla nació con menos de 3 kilos de peso y a pesar de los muchos consejos en la clínica, yo tenía claro que le amamantaría. Entonces pensaba que sabía muchas cosas sobre lactancia y que nada podía fallar.
Por eso cuando las cosas empezaron a ir mal, me desesperé. Busqué ayuda. Hablé con mi matrona, con la pediatra, consulté con un grupo de apoyo y mandé e-mails y entré a los foros… pregunté a todo el mundo. Yo, la que tanto abogaba por la lactancia materna, no tenía leche. No lo admití hasta que las curvas de peso hablaron por si mismas y no quedó otro remedio que suplementar.
Pasaba el tiempo y estaba al borde de una depresión postparto. La piojilla lloraba de hambre y yo con ella. Nadie me daba una solución y es curioso no haberla encontrado, porque siempre estuvo allí.
Entonces hablé con alguien que supo escuchar y se hizo la luz: Andorra. Andorra es una mamá; no es médica ni tiene ninguna profesión sanitaria… simplemente un día tuvo un problema y tuvo que buscar la solución por sí misma; se ha hecho experta en el tema. Cuando le conté mis penas – seguro que ni se acordará, con tantas mamás que ayuda día a día- me “diagnosticó” en un minuto. Seguro que tienes hipotiroidismo, dijo. Dile a tu médico de cabecera que te haga una analítica y verás. Todo se solucionará.


Y así fue. Me diagnosticaron un hipotiroidismo de libro, culpable de aquella hipogalactia, de toda mi tristeza y ese sentimiento de que lo estaba haciendo fatal. Empecé el tratamiento y poco a poco se fueron todos mis males. Tal vez ella no lo sabe, pero salvó mi lactancia y mi amor propio.

Fue entonces que pensé que estaría bien poner aquello que yo sabía al servicio de otros, y que mientras más estudiara, más y mejor sería esa ayuda. Poner en práctica aquello que nos enseñaban en el colegio: Ser más, para servir mejor. Tal vez si todo esto no hubiera sucedido, este blog no existiría y yo dedicaría mi tiempo libre a otras cosas... pero así fue; aunque en ese momento no lo sabía, ese sufrimiento no fue gratuito. Por eso me dedico a esto. Por eso voy a todos los cursos y congresos que puedo… para devolver a Andorra a través de otras mamás, lo que un día ella hizo por mí.
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No lo sé todo. Desde luego, como Sócrates, sólo sé que no sé nada. No lo pretendo. Simplemente quiero ayudar y contar aquello que sé, contactar a las mamás que buscan ayuda con quienes saben muchísimo más que yo, brindar información y poner al alcance de su mano las armas que no nos ofrecen, que están escondidas o simplemente no se han dejado encontrar; que cada mamá encuentre su camino.
Una a una, las mamás me enseñan algo, me obligan a investigar y a buscar más documentos, a preguntar y cuestionarme lo que hasta ese momento sabía. Cuando luego preguntan cuánto deben, o que pueden hacer para compensar los ánimos dados, siempre les digo que no es nada. Que simplemente cuenten a otras madres que lo lograron y de qué forma lo hicieron.
Por cada mamá informada, hay otra que indirectamente, se beneficia.
Se aprende día a día y es muy gratificante. Por eso, aunque a veces tenga tropiezos, aunque a veces tenga ganas de cerrar el blog, de poner un candado a todo esto y olvidarme del tema, aunque este mundo de madres no me depare sólo alegrías y también me haga llorar, sería egoísta tirar la toalla… voy a seguir en él.


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