domingo, 1 de mayo de 2016

Yo, madre

Duele que te mueres. 

Y no, no me refiero al parto. Eso no es nada comparado con lo que se viene... Sin avisar y sin anestesia posible. Un dolor gustoso, eso sí.... que si no, no se repite. 

Duelen las tetas y no se parece a aquello que pensabas. Y a veces huyes de su boquita hambrienta. Duele el parto que no tuviste. Duele el posparto oscuro y desconocido. Y lo descubres todo de golpe y porrazo en ese tercer día en el que llegas a casa y te das cuenta de que es "de verdad". 

Duele verles crecer. Duelen las rabietas, duelen las horas a su lado cuando la fiebre no se va. 
Es un dolor físico e intenso. Un dolor inexplicable... igual de inexplicable que el estar dispuesta a morir si hace falta, para que ellos vivan. Para que sean felices. Duele no dormir. Aunque el cachorro duerma. 

Duele que te digan "mala!!" con su lengua de trapo. Duele cuando te llenan de besos porque sí. Cuando les ves desaparecer en ese "primer día de cole" que siempre llega demasiado pronto. Si no, no me explico las lágrimas. 

Duele pensar en todas las veces que te equivocas, en los gritos que lanzas y que quisieras ahogar donde no lastimen a nadie. Duele cuando olvidas que son tus hijos y que no han pedido venir. Duele más cuando son ellos los que te lo recuerdan. Duele sentir que te pesa. Que te supera aunque los ames con locura. Y cuando quieres encerrarte y tener tiempo para ti...llena de culpas y piensas inocentemente que queda mucho para que un día, de verdad, se vayan. 

Duele darte cuenta de lo frágiles que son. Que basta muy poco para dañarles. Para que otros les dañen. Que es cuestión de suerte tenerles aquí y tener el privilegio de verles ser. Duele entender con el tiempo, que eso de no decirle a nadie que estabas embarazada los tres primeros meses, "por si acaso", no tenía sentido... que la muerte te los puede arrebatar con un día, con un año, con 10, con 30. Pito, pito gorgorito. 

Duele y sorprende verles convertirse en otros. Mirar extrañada seres que has parido. Fardar de lo guapos, lo listos, lo buenos que han salido. Y que de repente peleen entre ellos o te contesten mal... y sentir que has mentido. Que te has mentido. 

Duele saber que tiene secretos que no te comparte. Duele cuando te dice que eres su mejor amiga y que años después te borren de su lista de amigos y ya no encajes en sus planes. Que planifique vacaciones y conciertos en sitios que no conoces, con gente que no eres tú. Duele el cuerpo cuando no sabes dónde están, aunque confíes. Mirar el reloj una y otra vez, sin dormir... como al principio.

Duele que le queden mejor que a ti los mismos vaqueros. Y qué dolor y que orgullo y qué alegría. Verle, hermosa criatura, y que el espejo te diga a ti cuántos años han pasado sin ningún tipo de piedad. Duele no haber podido disfrutar más, quererles más, abrazarles más siendo pequeños. Duele que el tiempo no se detenga. Para ninguno. 

Duele que quiera compartir su vida con alguien. Que ya no pregunte nada, que sea libre. Duele que ya no esté de acuerdo contigo y que seamos agua y aceite. Duele que quiera irse de casa y no tener más que sonreír y sentirte muy contenta, porque es lo que toca. Porque la vida es así y tú te fuiste. 
Y a tu madre le dolió. 

Duele.




sábado, 2 de abril de 2016

El cojo le echa la culpa al empedrado

Acabo de ver esta noticia en el muro de IHAN que a su vez, comparte desde Evidencias en pediatría el siguiente titular: Los niños nacido por cesárea toman menos lactancia materna.




Click en la imagen para ver el artículo completo


Cesárea y lactancia. Uyyy dos temas tabú juntos. 

Me froto las manos porque no puedo evitar hacerme mil preguntas. Aquí, solo algunas para abrir debate y tratar de contestar si de verdad podemos ser tan rotundos. Que yo no soy científica ni lo pretendo. Y que además, no pongo en duda el hecho de que nacer por parto vaginal, y de forma deseable en un parto normal (que luego hay partos y partos...) es desde luego, lo más saludable para todos. Hecho científico comprobado. Ya. ¿Y si nos abren la tripa? ¿No sería mejor estudiar cómo apoyar y ayudar a aquellas madres cuyos hijos -no importa el por qué en este post- nacen por cesárea? 

Ya que hablamos de cesárea, hemos tenido en cuenta 
todas las variables? 


- ¿Cuál fue la indicación de cesárea en cada caso?
- ¿Cuáles son las indicaciones -en general, para programar una cesárea? 
- ¿Cuántas de ellas se programaron y por qué?
- ¿Deseaban amamantar todas las madres? (dato muy importante! independientemente de como haya sido el nacimiento). 
- ¿Se hizo piel con piel en todos los casos? Con la madre? Con el padre? Con nadie?
- ¿Estuvo la pareja o alguien de la confianza de la madre acompañando el momento? ¿En la reanimación estuvo junta la nueva familia? 
- ¿Fueron los niños separados de sus madres? ¿Si es así, cuánto en cada caso? 
- ¿Se les bañó y vistió?
- ¿Se ofreció ayuda-consejería-apoyo a las madres que deseaban amamantar? Personalizada? Por cuánto tiempo? ¿Ofrecida por quién? ¿Antes de la cesárea? Después?
- ¿Se ofreció información sobre lactancia a todas las madres? 
- ¿Existe un grupo o espacio de apoyo a la lactancia con cierta continuidad, dentro del hospital y abierto a las madres en general? 
- Recibió la madre algún tipo de presión para amamantar? (tipo: Amamantar es lo mejor, pero si tienes problemas, búscate la vida?) 
- Al salir del hospital, tuvo la madre acceso inmediato a personal cualificado para solucionar sus dudas de lactancia? Por teléfono? Por mail? En su casa? Tuvo que desplazarse hasta el hospital? (recordad que tenía una cesárea!) 
- Tiene el hospital un listado de papel que se ofrezca a todas las madres con todos los grupos de apoyo de la zona? ¿Lo tiene colgado en su web? ¿Es fácil de encontrar?
- ¿Se ofreció biberones a las madres? 
- Se les dio biberones a los bebés? Si es que sí, con consentimiento de la madre?  Se les informó a las madres de los riesgos de la alimentación artificial? ¿Firmaron un consentimiento informado, teniendo en cuenta de que debe ofrecerse LA como si fuera un medicamento?
- ¿Tenían todas las madres el mismo tipo de acceso a la información existente en redes? Me refiero al contexto social, familiar, cultural... 

En fin... preguntas que me hago en un sábado normalito. 

Lo siguiente que voy a comentar es solo un dato empírico:

A más madres conozco y mientras más ocupo mi tiempo en el acompañamiento, más convencida estoy de que, salvo que la madre se empeñe y por sus ovarios no tire la toalla, o salvo cuestión de suerte, prácticamente TODAS (aquí da igual el tipo de nacimiento) sufren una gran soledad en el posparto, y la lactancia es un camino lleno de dudas no resueltas. Lo milagroso es que aún así, con esa ausencia absoluta de manos amigas, tengamos estas tasas de lactancia (fabulosas, teniendo en cuenta el contexto) porque en la mayoría de los casos cada mujer debe sacarse ella misma las castañas del fuego. Y encima nos quitan las medallas! ¡Si somos las madres las que logramos amamantar prácticamente sin ayuda oficial!

No existen consultas de posparto bien entendidas (y si existen, por favor, haga una lista y ofrezca ese recurso!! déjelo aquí, gracias!) en las que las madres puedan -además de saber "cómo van los puntos" horror, de horrores- pasarse allí una o dos horas aprendiendo, practicando la teta si quiere amamantar, siendo escuchada y especialmente: apoyada en sus decisiones. 

La maternidad es un camino con piedras. Por favor, no nos pongáis más vosotros. 




jueves, 25 de febrero de 2016

Diez

Nevaba. A lo mejor como señal de lo que después vendría. Del tsunami emocional. De la catarsis. De la metamorfosis. 

Mi único rayo de sol en esa mañana gris y fría. Viniste a cambiarlo todo y todavía no soy capaz de perdonarme nuestro primer encuentro. Cuando te vi y no te encontré mía. Por favor que no me vuelvan a decir que si te informas, decides. Es un insulto. 

Creo que no he vivido más puerperios que este; suplicando que no llores. Sola entre tanta gente. No servía saber. 

Te abracé fuerte y me dejé llevar. Y me llevaste a descubrir otras maternidades. Los tantos lados oscuros con los que en los diez años anteriores no me había topado. Los que ni siquiera sospechaba que existían. 


Abracé a otras madres con historias como la mía. Abracé a otras madres con historias más tristes. Abracé a madres sin niño. 


Se me abrieron los ojos y no pude cerrarlos más. 


Lloro pequeña. Por todo lo que no pude darte y en cambio, mira todo lo que me has regalado. A mí y a tantas.
Diez años, maestra. Te amo.




miércoles, 13 de enero de 2016

Carolina Bescansa acude al Congreso con su bebé


Carolina Bescansa acude al Congreso con su bebé. Algo impensable en otros momentos políticos se ha producido esta mañana. Nos da igual el color, el partido. Ver a una madre y su bebé en un escaño es una gran noticia. 

No es el primer bebé en ese edificio. Muchas diputadas han vuelto al trabajo con sus bebés en los pasillos. Amamantando en hoteles cercanos y haciendo encaje de bolillos para hacer compatibles ambas actividades. Pero no se ven... porque no es apropiado. Y ya veréis como salen mil enfadados con "semejante barbaridad". 

Las madres existimos. No nos hacemos idiotas después del parto. Seguimos siendo igual de válidas para todos los trabajos. Solos igual de eficientes que antes de parir. 
No todas las mujeres tenemos el privilegio de poder criar y trabajar al mismo tiempo. Las afortunadas que podemos llevar a nuestros hijos al trabajo somos aún menos. Por eso es importante visibilizar la maternidad, visibilizar a los bebés y sus necesidades. Conciliar.... una palabra que parece ciencia ficción.

Porque lo que un bebé necesita es a su madre cerca. Y a su padre. Y estar cerca de la gente que lo quiere. Llámese abuelos, hermanos. Tener que renunciar al calor de tu familia con 16 semanas escasas es un horror y un atentado a su salud. Los bebés tienen derecho a ser cuidados, no guardados. 

Yo misma, en los Premios 100 Latinos 
Cuando las madres hacemos algo como esto, llevar a nuestros bebés y compartir la vida pública con ellos, queremos enviar un mensaje: Estamos aquí. Y es una responsabilidad compartida porque son los ciudadanos del futuro. 

Conciliar. Trabajar y criar. Sin descuidar. Sin sentir que renunciamos a nada. Nadie. Ni madres, ni padres. Sin que suponga el sacrificio de alguien y mucho menos el del bebé. 




Las madres existimos. Los bebés existen. Ofrecer espacios apropiados para ellos debería ser una prioridad en todas las agendas. Cuando se entienda que cuidar de esa diada es una cuestión de salud pública, quizá estas imágenes dejen de ser noticia. 

Victoria Donda Pérez, Argentina

Sin cuidados no hay victoria posible
Alyssa Milano


Más madres 


martes, 5 de enero de 2016

Propósitos

Hace más o menos unos tres años, justo con la llegada de este último retoño, que me entró de repente "la consciencia de lo efímero de la vida". Hasta ese momento, había vivido sin mirar atrás, como si fuera a ser eterna. Cuando, con 35 años, el azar me ofreció la oportunidad de volver a ser madre, no pensé en el regalo que se me hacía. No supe darle valor hasta no oler a mi pequeño recién salido de mi cuerpo. 

Y eso a pesar de que a mi alrededor la muerte ha estado siempre presente. Puedo contar al menos 20 amigos muertos en diferentes circunstancias. Todos jóvenes. Muertes injustas (¿qué muerte no lo es?) y tempranas, que no tenían nada que ver conmigo. Como si yo no pudiera enfermar, deprimirme y decidir "que hasta aquí" o sufrir accidentes. Como si la fatalidad fuese algo lejano y esquivo a mí o a mi familia. Como si mis hijos no fueran igual de frágiles que aquellos pequeños de los que no se cuenta nada "por si acaso" hasta no llegar a la mitad del embarazo.

Esa cosa: "la consciencia de lo efímero de la vida",  no se siente solo como un "nos vamos a morir todos". Es darte cuenta de repente de lo afortunada que eres y de todo lo que tienes. Dan unas ganas inmensas de festejarlo todo. Muchas veces. Y de llevar esa "buena nueva" a todo el mundo como si hubieras descubierto la pólvora. Es amarte, amar tu cuerpo, tus defectos y pensar en lo absurdas que eran tus preocupaciones con 20 años, cuando no te ponías la camiseta de tu talla pensando en que estabas gorda... 

El otro día, de vuelta a casa con mi amiga Irene-dentista, pensábamos en eso. Qué pena -o no, que sino no seríamos las que somos- darnos cuenta ahora, con casi 40 tacos, de lo lindo que era tener 20 años. Ojalá y entonces hubiésemos tenido el amor propio de hoy. Descubrir ahora, después de media vida, que hay que preocuparse menos y vivir más, reírnos mucho, amar despacio y ver crecer a los hijos sin pensar en que todo tiene que ser perfecto.  

No lo es. En eso consiste vivir. En equivocarse muchas veces y volver a empezar. 

Hace tres años la vida me hizo un regalo. No solo nació mi pequeño, sino la oportunidad de vivir intensamente de una vez. De dedicar tiempo a los míos para compartir la alegría de estar, que ya es bastante.  De masticar pausadamente cada instante y verles crecer. Y por eso ahora, mi propósito de 2016 es disfrutar de la vida, aunque eso signifique cerrar proyectos, cerrar puertas, cambiar de sitio, de gente. Quiero vivir y amar.