
Somos pequeñas; nada valemos;
no realizamos gigantescos esfuerzos ni titánica labor;
pero cayendo una tras otra durante días, años y siglos,
llegaremos a romper la roca
("Gotas de agua" - C. C Vigil)
Un año más, he asistido a la Asamblea de Socias de El Parto es Nuestro.
Cada vez que me reúno con las mujeres de EPEN, salgo fortalecida y llena de energía. Como diría mi amiga Ángela, esto es casi un vicio: Verlas, abrazarlas, conocerlas, reconocerlas, escuchar sus voces, sentir la emoción de sus historias, de su lucha personal, conocer del grano de arena que cada una pone para hacer juntas la lucha de todas.
No hay espacios suficientes para agradecer a cada una de estas mujeres su amor y pasión por esta causa. Tal vez ahora no lo sabe nadie, pero estas mujeres están haciendo historia. Son parte de ella y la construyen día a día. El trabajo es inmenso y es pequeño, es multifacético e importante en todas sus escalas y ámbitos. Nadie hace poco.
Muchas de ellas han canalizado su dolor hacia la contención y el acompañamiento de otras mujeres. Otras han llegado hasta aquí antes de cualquier odisea maternal y pueden contar partos bonitos y nacimientos respetados. Cada día son más y eso nos hace fuertes y nos enseña a sonreír; a curar heridas con la paz ajena.
Son mujeres cuyo trabajo diario es invisible y a veces "disfrazado" y anónimo. Son aquellas que revisan documentos hasta altas horas de la madrugada, coordinan cursos para sanitarios, organizan jornadas y participan en ponencias. Las hay viajeras, que van saltando de ciudad en ciudad difundiendo la evidencia que les da razón, compartiendo los testimonios que nos unen, saliendo en revistas y publicando libros. Socias-hormiguita trabajando en lo que parece que no se ve y son las que mueven montañas: detrás de cada embarazada cercana, contestando si preguntan, callando cuando es prudente. Son mujeres que recortan papelitos, hacen listas, llenan datos, contestan e-mails, atienden el teléfono, buscan información científica como nadie, organizan bancos de fotos, hacen estadísticas, prestan sus libros, recopilan enlaces, hablan con la vecina, asisten a las conocidas y a quien no se conoce tanto...
Son las mujeres que alegran, que tienen la palabra justa, la llamada certera. La lágrima que acompaña, la mano que sostiene. Mujeres que hoy he abrazado, otras a las que no he visto pero que han estado allí en corazón y en espíritu. Madres generosas que ofrecen a esta causa lo más valioso que tienen: su tiempo y su energía.
Gracias una vez más por todo aquello que hacéis. Gracias por compartir vuestra ilusión; por vuestro esfuerzo. Tal vez no falte tanto... Un día todo este sueño será verdad. Un día, nuestros nietos alucinarán con las historias de sus abuelas, de mesitas en la puerta del Sol y asambleas con niños colgados a la teta...
Un día, dudarán de nosotras y pensarán que chocheamos: Pero abuela, si nunca se ha separado a los niños de sus madres... desvarías.
Y nosotras sonreiremos con sonrisa de viejitas y nos acordaremos de días como éste.
Os quiero.
























